Cartas a Olivia
Se detuvo el mundo

                           

… y se detuvo por completo cuando me di cuenta, a los cuarenta y siete minutos que teníamos hablando, que tu sonrisa amplia, brillante y llena de ganas de vivir continuaba sonriendo sin descanso. Y no paraba y parecía que nunca iba a parar. Se detuvo el mundo por completo también cuando tus ojos querían ver mis pensamientos, llevándose de encuentro a mis ojos, mis nervios, mi mente y mis secretos mejor escondidos. Porque sí, soy una pila de secretos, impenetrable, hasta que nos reímos juntos de la vida, de las cosas… y sí, tengo que confesar que a los cuarenta y nueve minutos que teníamos hablando imaginé nuestra primera cita romántica, con velas, con pasta corta, con vino, con besos y tú diciéndome al oído: ya vamos, ya…

Ríos

Olivia,

Felizmente nos encontramos, ambos perdidos en el bosque, junto al claro que descubrimos hace ya tanto tiempo. No has cambiado nada. ¿Será que somos inmortales? Aún tu cabello de seda sigue negro y tus ojos sin cansancio. ¿Cómo haces? Yo siento que me cuesta mantenerme despierto durante el día, siento que me pesan los ojos, pero no la vida. No como los humanos cuyo deporte nacional es quejarse. No como ellos.

En la intersección de esos tres ríos nos encontramos e intercambiamos historias de la mitad del mundo que nos tocó recorrer.

             

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