
… y se detuvo por completo cuando me di cuenta, a los cuarenta y siete minutos que teníamos hablando, que tu sonrisa amplia, brillante y llena de ganas de vivir continuaba sonriendo sin descanso. Y no paraba y parecía que nunca iba a parar. Se detuvo el mundo por completo también cuando tus ojos querían ver mis pensamientos, llevándose de encuentro a mis ojos, mis nervios, mi mente y mis secretos mejor escondidos. Porque sí, soy una pila de secretos, impenetrable, hasta que nos reímos juntos de la vida, de las cosas… y sí, tengo que confesar que a los cuarenta y nueve minutos que teníamos hablando imaginé nuestra primera cita romántica, con velas, con pasta corta, con vino, con besos y tú diciéndome al oído: ya vamos, ya…
